EEUU, un imperio decadente

EEUU, un imperio decadente
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Como otros en la historia de la humanidad, el imperio norteamericano comienza a mostrar señales de declive y, al parecer, de manera inexorable.  Así ocurrió con el imperio romano que, luego de una larga primacía, terminó diezmado hacia el siglo XIV entre guerras, gastos burocráticos y corrupción.  El imperio español, donde “nunca se ponía el sol” (por su poder y extensión sin límites), terminó cayendo ante potencias emergentes (Inglaterra, Francia y Holanda) hacia la primera mitad del siglo XIX. Lo mismo pasó con el imperio británico, el más extenso territorialmente hablando, cuyo esplendor y caída ocurrió entre los siglos XIX y XX.  Los imperios Persa, Otomano, Alemán, Griego, Inca, Azteca, etc., dejaron su lugar a otras potencias que, en cada caso, emergían poniendo en cuestión el orden establecido imperante. Hoy día somos testigos de la emergencia de nuevas potencias que ponen en duda la hegemonía, hasta ahora solitaria, del imperialismo norteamericano.

La agresividad de EEUU, combinando estrategias de corte bélico y económico-comerciales, contra todo aquello que ponga en riesgo su supremacía mundial, es cada vez más evidente. O sienten, en verdad, que está en riesgo su tan apelada “seguridad nacional” o, con ese discurso, disfrazan un proceso de inminente caída de su condición hegemónica. Esa disyuntiva, sin embargo, deja algo inobjetable: el debilitamiento de su poder sobre un mundo cada vez más multipolar, dinámico y generador de cambios en lugar de sentidos de eternidad de procesos políticos y económicos tal como registra la historia.

En esa perspectiva, la “guerra comercial” con China, su “guerra tecnológica” con Rusia e India, o su absurda e inhumana “guerra de guerrillas” con Venezuela y Cuba, convierten a EEUU en un poder imperial con problemas de sostenibilidad.

A diferencia del auge y caída de los imperios antes del siglo XX, los procesos políticos y económicos en tiempos de la revolución tecnológica y las comunicaciones, son magnificados y amplificados hasta extremos insondables por los poderosos medios de comunicación que, mientras protegen a sus dueños, son capaces de fabricar realidades funcionales a sus intereses.

En ese sentido, la invencibilidad de los EEUU, su superioridad científica y tecnológica, su hegemonía militar, su sistema político, su nivel de desarrollo, la mágica necesidad de adoptar sus usos y costumbres (el “sueño americano”), son ideas que están en la mente de la gente y les hace suponer que la potencia norteamericana, en su fase imperialista, no tiene parangón ni alternativa posible, se autoerige como sistema eterno.

Como esta percepción ha sido instalada en la mente de la ciudadanía del planeta, durante décadas en forma sistemática y sin tregua, la capacidad de reacción de esa ciudadanía es extremadamente débil y asume que “eso es así”, por lo que no habría nada qué hacer. Pero, como dijimos al comienzo, los tiempos cambian y aquella “eternidad reclamada” comienza a dar muestras de que “eso no es así”, nada es eterno, menos un sistema imperialista cuyo soporte económico y social hace crisis como veremos a continuación.

LA DECADENCIA DEL SISTEMA

El debilitamiento del imperialismo norteamericano está estrechamente vinculado al fracaso del sistema capitalista mundial. Veamos algunas cifras de la OMS y UNICEF:

  • El 13% de la población mundial (821 millones) pasa hambre.
  • El 15% de la población mundial (1.100 millones) son pobres extremos.
  • El 39% de la población mundial (2.800 millones) son pobres.
  • El 45% de los niños menores de 5 años en el mundo (3.1 millones) mueren por desnutrición.
  • 66 millones de niños de países subdesarrollados asisten a clases con hambre.
  • 264 millones de niños no asisten a la escuela.
  • 2.100 millones de personas no tienen acceso a agua potable.
  • 4.000 millones de personas no tienen saneamiento básico.

Estos datos muestran la injusticia y la inequidad en el mundo. ¿Y saben con cuánto dinero se resolvería este problema? Con 3.200 millones de dólares, lo que cuesta un destructor de los 64 que tiene la Armada Norteamericana.

Trump, contrariamente a impulsar políticas públicas destinadas a reducir las brechas mencionadas, le pide a su congreso, mediante la propuesta presupuestal para 2020, reducir gastos en salud y bienestar de la ciudadanía y aumentar los gastos militares hasta el monto astronómico de 716 mil millones de dólares, superior en 5% a lo que se tenía en 2019.  Es evidente que la estrategia de EEUU para salir de la crisis del sistema es la guerra, incluso sacrificando al Departamento de Estado hasta poner en riesgo la “seguridad y el liderazgo de EEUU” según altos mandos militares retirados de sus Fuerzas Armadas.  

En ese contexto, dadas las magnitudes del déficit comercial, baja productividad y su descomunal endeudamiento, sumada a la crisis política y moral que lidera Trump con apoyo de los sectores más conservadores, la crisis económica de EEUU es estructural y condición suficiente para el declive de su hegemonía.

De otro lado, la decadencia y el debilitamiento del poder USA, se expresa en el saldo deficitario de su comercio exterior desde 1980 como producto de la desregulación de los mercados y la deslocalización de la industria imperialista que, al trasladar parte de sus procesos productivos a países menos desarrollados, le ha permitido mayores rentas con mano de obra barata.

Esta aparente “ganancia” ha terminado convirtiendo a EEUU en un gran comprador del mercado global, tanto que sus exportaciones no son suficientes para mantener una balanza comercial razonablemente equilibrada.  Esta situación tan inconveniente para Trump y su administración, se quiso resolver estableciendo sanciones y aranceles que, a juicio de las evaluaciones realizadas para 2018, no revirtieron la tendencia del déficit comercial, sino que la profundizaron.

Mientras eso ocurría con EEUU, China hacía las cosas de manera diferentes.  En lugar de una apertura desbocada, optó por una apertura comercial planificada, estableció zonas francas industriales, se incorporó en cadenas productivas que generaba la deslocalización e hizo uso del capital y tecnología americanos y europeos en beneficio de su nación. 

CHINA + RUSIA

Sin duda, China y Rusia, son las potencias emergentes que están poniendo en duda la hegemonía absoluta de EEUU en el planeta. En el campo económico, científico, tecnológico y militar, aquellos países están dando muestras no solo de ser poderosos competidores de EEUU, sino que, desde hace más de un lustro, han puesto en evidencia señales de superioridad, hecho que los convierte en los principales competidores globales en la pugna imperialista. 

Su pleito con China en torno a la empresa Huawei, constituye uno de las expresiones de ese reacomodo de primacías en el campo tecnológico. ¿Qué pasó? Simplemente que EEUU, en el marco de su guerra comercial con China, no permite la importación de los celulares Huawei porque supuestamente habría violado una sanción económica a Irán (sic). Lo cierto es que, dada su paranoia, EEUU cree que el servicio de inteligencia chino ha puesto en riesgo su sistema de seguridad cibernética con el potente Huawei. China, como era de esperar, responde con la “ley del talión” y prohíbe la venta de los equipos IPhone de Apple en su territorio.

Según los especialistas, Apple es quien pierde económicamente que, sin duda, le pasará la factura al gobierno de Trump.

Esto puede hacer china en razón a que su desarrollo ha sido mucho más sostenido y sustentable que el de EEUU.  Veamos. Desde 1980, China ha crecido a un promedio anual de 9.6%, superando a EEUU en su PBI en paridad de poder adquisitivo desde 2014, hecho que se explica en el bajo crecimiento promedio anual del PBI USA que no alcanzó ni al 1.7%, en el mismo período, considerando que luego de la crisis del 2007-2008, ese promedio se redujo a 0.6%.

Pero no es suficiente tener el poder económico en el control y dominio del planeta, además hay que tener el control de espacios estratégicos como son: el Canal de Suez (paso obligado entre el Mar Mediterráneo y el Mar Rojo), el estrecho de Gibraltar (unión natural entre el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico), el estrecho de Dardanelos (entre Asia y Europa), el canal de Panamá (vía que une el Pacífico y el Atlántico), el estrecho de Magallanes, la posición de las Malvinas y las islas del Atlántico sur, etc. 

El control de estas vías de comunicación y articulación geoeconómica, es de importancia estratégica en el juego de la geopolítica del dominio mundial.  De allí el repudio, cuando no temor, a la “Nueva Ruta de la Seda” promovido por China, pues su puesta en marcha pondría en ventaja estratégica a este país sobre EEUU en la influencia sobre Asia, Europa y África, incluyendo luego a Latinoamérica y el Caribe. 

No son gratuitas, y mucho menos acciones de cooperación, las 800 bases militares de EEUU en 177 países, cuyo mantenimiento cuesta más de 100 millones de dólares anualmente.  China y Rusia lo tienen presente y hacen lo propio a lo largo y ancho del mundo. El gasto en bases militares norteamericanas se financia con endeudamiento creciente, especialmente con bonos soberanos que le permite emitir billetes indefinidamente como dueño de la “maquinita” pero que, ante el uso creciente de divisas chinas y rusas, está dejando de ser imprescindible en el comercio internacional.

EEUU, imperio en declive

No solo porque, luego de muchos lustros, un presidente USA pierde poder en el Congreso, sino porque hay tres indicadores estructurales que hablan de ese inexorable declive:

  1. La curva de rentabilidad de los bonos americanos anuncia recesión.  Según los analistas, la tenencia de esa curva es uno de los más certeros augurios de recesión de la economía norteamericana.  Desde 2007, es la primera vez que se invierte la tendencia, por lo que los inversionistas han perdido confianza en el desempeño de la economía, aunque guardan cierta expectativa positiva en la política monetaria de la Reserva Federal, especialmente en lo que concierne al precio del dinero, a la menor presión fiscal a las empresas, destinadas a evitar el proceso recesivo.  Por otro lado, en sentido contrario a las medidas monetarias, la propensión al consumo disminuye hace un semestre, trayendo consigo señales de menos producción y menos generación de empleo.  Si a esto le añadimos el déficit presupuestal y comercial generado por las genialidades de Trump, estamos frente un escenario favorable de un proceso recesivo en la economía norteamericana, tal como el FMI lo predice: en 2019, apenas se crecerá en 1.9% con tendencia a reducir dicha tasa en 2020.
  2. Las Arcas del Tesoro se vacían por los desvaríos fiscales de Trump. Las “iniciativas” de Trump, como la construcción del Muro entre México y EEUU, junto a los gastos militares, perforan las arcas fiscales con más de 1.2 billones de dólares, lo que impulsará la deuda hasta los 22 billones de dólares, por encima de su PBI.  Igualmente, la recuperación de tributos evadidos por empresarios que declaran en paraísos fiscales, no ha sido posible ni siquiera en el 20% de lo que ofreció Trump en plena campaña (4 billones de dólares).
  3. Las guerras arancelarias profundizan el déficit fiscal y comercial. El déficit fiscal se profundiza por la absurda rebaja fiscal a las rentas personales y a los beneficios empresariales desde finales de 2017. Con estas medidas el empresariado se embolsilla 1.5 billones de dólares.  Ni siquiera la subida de aranceles al Acero y Aluminio en su guerra comercial con China, ha permitido aumentar ingresos fiscales. En cuanto al déficit comercial, se constata una difícil situación para EEUU, pues no solo es una diferencia contable del comercio internacional, sino que esa diferencia termina afectando el dinamismo de la economía interna.  La cifra del déficit comercial no tiene parangón (621 mil millones de dólares) desde la crisis financiera de 2008. Esa cifra es mayor en 23% que la registrada en la administración Obama. Los países que más ganan con esta relación son China, México y Alemania.

¿Es posible revertir los anuncios de recesión en EEUU?  Es difícil pronosticar la economía norteamericana en tiempos de tanta movilidad de recursos.

Lima, 23 de abril de 2019

Esplendor y decadencia del imperialismo norteamericano.

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Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Magíster en Planificación del Desarrollo Nacional y Regional, Economista de profesión. Consultor internacional. Experto en procesos de negociación de acuerdos de política bilateral y multilateral para el desarrollo e integración, sistematizados en cuatro libros de su autoría.

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