GLOBALIZACIÓN Y FRONTERAS

GLOBALIZACIÓN Y FRONTERAS

Los países, en su forma de “Estado-Nación”, por mucho tiempo han preferido ignorar las potencialidades de los Espacios Regionales Fronterizas como territorios que albergan dinámicas económicas, sociales y políticas, capaces de dar soluciones a grandes problemas que los “centros nacionales” son incapaces de ofrecer.  El caso de Puno y su relación con territorios fronterizos de Bolivia, ha permitido dar inicio a una de las iniciativas de desarrollo más auspiciosas de corte transfronterizo al poner en agenda la posibilidad de importar gas para esos territorios y sus extensiones.

I. INTRODUCCION

La revolución de las comunicaciones[1] y la presencia cada vez más dominante de la globalización en los procesos formativos de espacios y territorios, no son ajenos a la dinámica económica y social de las fronteras, cuyos roles asociados a tradicionales formas de delimitación del territorio político-administrativo van cediendo lugar a competencias y roles más cercanos a los conceptos de territorialidad y pertenencia que trascienden marcos jurídicos anacrónicos y poco útiles en nuestros tiempos para comprender y promover la organización y el desarrollo de espacios regionales fronterizos.

En tiempos actuales, las fronteras, lejos de su vieja noción de linealidad, adquieren un claro enfoque de territorialidad y son escenarios de actores e intereses que trascienden el “límite” que los “separa”. En ese orden de ideas, el desarrollo del tema encuentra razones suficiente para coincidir con afirmaciones que señalan que las fronteras, tal como se las concebía, va camino a su difuminación cuando no a su definitiva eliminación[2].

Las fronteras son concebidas como territorios donde se instalan organizaciones humanas con necesidad de sobrevivencia que, en la vía de los hechos, obvian el “obstáculo fronterizo” que, con nombre de “límite”, formaba parte del viejo discurso referido a la defensa territorial.

En ese entendido, las fronteras son espacios de encuentro, solidaridad y convergencia de poblaciones con potencialidades económicas y sociales que los Estados a los que pertenecen dificultan en reconocerlos como tales.

De allí que las fronteras tienen un contenido socio-espacial y económico en la que convergen intereses comunes de dos o más partes nacionales, en ámbitos de desarrollo, de medio ambiente y, en general, de nivel y calidad de vida de sus pobladores.

Vistas de esa manera, las fronteras constituyen espacios de integración de territorios donde se establecen engranajes de cohabitación humana. Este tipo de integración puede ser parte de encadenamientos integradores mayores a escala binacional y multilateral, articulando elementos globales y locales de competencia, tal como viene ocurriendo en diferentes partes de Latinoamérica.

De otro lado, resulta indiscutible que dichos procesos territoriales, económicos y sociales están signados por la fuerza de la globalización que influye, impacta y, con frecuencia, los somete a su dinámica, incorporándolos gradual e inexorablemente. Las economías nacionales, así como los procesos de integración regional y subregional, han sido afectados de diferentes maneras por ese forzoso encuentro de las fuerzas globales con las dinámicas fronterizas poniendo en cuestión sus posibilidades reales de desarrollo y de integración, dado que la mercancía transnacional encuentra condiciones extraordinariamente favorables de realización que, subsumiendo procesos locales, asegura tasas de ganancia de empresas transnacionales.

Asociado a lo dicho, las fronteras terrestres han sido consideradas por los gobiernos nacionales, de manera poco estudiada, como los principales puntos permisivos de procesos económicos y comerciales “ilegales”, generalmente denominados contrabando, cuyas tendencias crecientes, evidenciada en estimaciones oficiales generalmente dirigidas, tendría enormes perjuicios para la economía nacional.

El énfasis del presente trabajo, sin embargo, no está puesto en esa “ilegalidad” sino en el rol de la dinámica económica y social de los Espacios Regionales Fronterizos (ERF) en los procesos de integración fronteriza y, a partir de allí, en la identificación de factores relevantes tributarios de procesos mayores de integración como son los que se buscan a nivel latinoamericano.

II. La especificidad de las fronteras.

Todos los países tienen fronteras con características económicas y sociales específicas que responden a su geografía y al tipo de vinculación (inclusión/marginación) que sostienen con sus respectivos centros nacionales y de su mayor o menor inserción en la dinámica impuesta por el proceso de globalización.

Los nuevos enfoques teóricos y metodológicos, así como las recientes  miradas políticas[3], las “fronteras” ya no son los “límites” que demarcan los espacios soberanos de los Estados-nación y mucho menos los bordes desde los cuales éstos ejercían influencia, cuando no poder y dominio, sobre otros territorios situados “al otro lado” de dichas fronteras. Esta forma de concebir la frontera resultaba funcional en el siglo XVI, luego de la guerra de los 30 años en Europa, hasta finales del siglo XVIII cuando se fundan los Estados Unidos de América[4].

En su lugar, las últimas décadas del siglo XX, emergen señales que indican la reconversión de los espacios fronterizos en escenarios de dinámicas económicas y sociales con identidad propia y, a la vez, en escenarios de disputas y contiendas de competencias que incluyen el ejercicio de soberanías en forma generalmente asimétrica, donde los países con poder “extienden” el ejercicio de “su soberanía” hasta donde les permite la debilidad de territorios vecinos que, sin ese poder, ven reducirse con velocidad e intensidad inversamente proporcional el ejercicio de “su soberanía”.

En ese sentido, la evolución conceptual de la “frontera”, como otros conceptos en pleno proceso de globalización, ha terminado dándole una connotación espacial que no tiene nada que ver con la “linealidad” de la que estaba impregnada hasta hace unos 25 o 30 años[5]. Ese concepto, aplicado a territorios convergentes de dos o más países, sobre los que viven poblaciones claramente identificadas con dichos espacios, generando o siendo parte de procesos económicos y sociales que configuran ERF, con características propias y diferenciados unos de otros, aunque todos incluidos en el vasto y diverso proceso de globalización, con funciones y roles determinados por intereses ajenos a su dinámica interna y a una estrategia propia de desarrollo.

En esa lógica, las fronteras se han convertido en escenarios privilegiados de realización de la mercancía transnacional en un marco general donde el proceso de globalización, por doquier, erosiona la soberanía de los Estados-nación, disminuyendo progresivamente la eficacia de su ejercicio en materia fiscal, normativa y financiera.

De allí que los factores de producción e intercambio –el dinero, la tecnología, las personas y los bienes- se efectúan cada vez con mayor facilidad en territorios de las “fronteras nacionales” frente a un Estado-nación con poderes cada vez más débiles en materia de soberanía.

Como procesos paralelos a los descritos, las estrategias y políticas de integración regional germinan y se desarrollan entre marchas y contramarchas provocadas por los países miembros en claro acatamiento a su alineamiento geopolítico. Esta ocurre en el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), en la Comunidad Andina (CAN) y recientemente en la Alianza del Pacífico (AP) y en los esfuerzos de integración centroamericana. Es notable, sobre todo en esta última década, las dificultades y contradicciones entre sus líderes para consolidar proceso de integración regional cuando, junto al discurso público a favor de la integración, aparecen con fuerza condicionantes derivados de su alineamiento geopolítico.

Aquella conducta alineada de los líderes a poderes centrales del planeta, impacta de diversas maneras en la dinámica de las fronteras donde, pese a lo señalado, la noción restrictiva y separatista de frontera sigue siendo un elemento cada vez menos defendible y, probablemente, se esté convirtiendo en el factor más relevante de los procesos de integración. Esa connotación de fronteras que rompe continuidades, se mantendrá si, parafraseando a R. Schuman[6], seguimos manteniendo vivas las cicatrices que marcaron guerras y conflictos armados a lo largo y ancho de nuestra América. Los procesos de integración en los niveles fronterizo y subregional, solo serán favorecidos si la dinámica económica y social que se desenvuelve en las fronteras terminan convirtiendo la “línea” en un factor de integración más que de separación.

A partir de lo dicho, el presente trabajo pretende responder a la siguiente cuestión general: ¿En el marco de la globalización, la dinámica económica y social que se desenvuelve en los espacios regionales fronterizos[7], promueve o difumina los procesos de integración subregional?

III. Transfronterización de territorios

Mientras los avances de investigación sobre el tema registran que la base conceptual de los viejos Estados-nación, y sobre todo de su rol en la dinámica mundial, se ha puesto en revisión,

resulta estimulante encontrar textos y artículos[8] que coinciden en señalar que, en su lugar, cobran fuerza los conceptos y espacios subnacionales y transfronterizos como nuevos agentes de la competitividad, tan cara al nuevo orden económico mundial, dándole sentido y contenido al concepto “glocalización”[9] que relaciona el fenómeno mundial con los nuevos procesos que aparecen en las dimensiones regional y local.

Resulta relevante enfatizar que uno de los principales efectos de la globalización es el proceso de transformación del concepto de “frontera” hasta niveles en los que la “desfronterización”[10] de procesos terminan configurando espacios económicos ampliados e integrados económicamente a pesar de los límites político-administrativos establecidos por los Estados-nación, en los cuales se producen reconocimientos de factores históricos, antropológicos y sociológicos que sustentan sentimientos de identidad y pertenencia que pretendieron ser ignorados por los referidos límites.

La combinación de los procesos de desfronterización con los sentimientos de identidad y pertenencia, dieron lugar a la configuración de Espacios Regionales Fronterizos, escenarios privilegiados de dinámicas económicas y sociales que, en un marco mayor de realización de la mercancía transnacional, involucran directamente a dos o más países poniendo en cuestión la vigencia de conceptos básicos del viejo Estado-nación, como aquellos referidos a Estado, Territorio y Soberanía con los cuales se pretendía legitimar el efecto “separación” de los límites.

A su vez, la creciente participación de las regiones subnacionales y transfronterizas en el proceso de globalización con todos sus retos y oportunidades, hizo que el campo académico y el desarrollo teórico introduzcan nuevos conceptos con poder descriptivo de nuevas realidades y dinámicas en los mencionados espacios, tales como “producción flexible”, “deslocalización”, “distritos industriales”, “ciudades-región”, etc., para hacer referencia a los nuevos modos y procesos de producción en clara respuesta a las exigencias de una competitividad que no reconoce límites ni fronteras, dejando atrás el verticalismo y concentración que caracterizaba los modelos tradicionales de inserción, cediendo lugar a esquemas horizontales de procesos productivos que dan materialidad a los nuevos conceptos aludidos.

Este tipo de constataciones revelan que la reflexión en torno a procesos de desarrollo e integración fronterizos sigue vigente y adquiere una renovada energía, convirtiéndose en uno de los más potentes motores de relanzamiento de procesos como MERCOSUR, CAN, UNASUR, AP, superando anquilosadas formas de alineamiento que impiden y frustran procesos legítimos de integración.

Bajo esa consideración, integración supone conceptos muy claros de supranacionalidad, supragobernabilidad y supraterritorialidad que, obviamente, requieren ciertos renunciamientos o concesiones de orden nacional, de soberanías y normas propias tal como, en su momento, lo hiciera la Unión Europea, en el terreno de la institucionalidad y la asignación presupuestal para el desarrollo e integración de sus territorios fronterizos.

Es ilustrativa en ese sentido, la decisión de la Comunidad Andina que, atendiendo a los nuevos paradigmas y desafíos, aprueba el Protocolo de Quito – 1987, cuyo artículo 144 dice: “Los Países Miembros emprenderán acciones para impulsar el desarrollo integral de las regiones de frontera e incorporarlas efectivamente a las economías nacionales y subregional andina”.

Luego vendrían, aleccionados por el referido artículo, proyectos bilaterales entre países miembros que encararon con distintos grados de interés el tema fronterizo. Sin embargo, el mayor desarrollo alcanzado en términos programáticos sobre Desarrollo e Integración Fronteriza está en el trabajo realizado (1990-1991) por la entonces Junta del Acuerdo de Cartagena (JUNAC), con apoyo técnico y financiero del BID, denominado “Programación de Actividades de Desarrollo e Integración Fronteriza entre los Países de la Región Andina”, cuyo objetivo central era definir una estrategia de desarrollo e integración fronteriza y la elaboración de planes de acción que contengan iniciativas comunitarias y nacionales que puedan ser las más pertinentes y eficaces para promover la integración fronteriza de los países del Grupo Andino.[11]

En efecto, en mayo de 1999 se aprueba la Decisión 459 que establece la Política Comunitaria de Desarrollo e Integración Fronteriza en 5 artículos, el tercero de los cuales señala como objetivo fundamental “elevar la calidad de vida de las poblaciones y el desarrollo de sus instituciones, dentro de los ámbitos territoriales fronterizos entre los Países Miembros de la Subregión” mediante la facilitación de la libre circulación de personas, bienes, capitales y servicios.

La puesta en marcha de esta Política Comunitaria se encargó al Grupo de Trabajo de Alto Nivel para la Integración y Desarrollo Fronterizo (GANIDF) coordinado por los Ministerios de Relaciones Exteriores de los Países Miembros y la Secretaría General de la Comunidad Andina como Secretaría Técnica. El GANIDF contará con el apoyo de los mecanismos binacionales existentes en los Países Miembros, así como del Grupo Consultivo Regional Andino, coordinado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Corporación Andina de Fomento (CAF).

Luego vendría la Decisión 501, de enorme potencial en el terreno conceptual y la planificación territorial, que norma la implementación de las “Zonas de Integración Fronteriza” (ZIF) entendidas como los ámbitos territoriales fronterizos adyacentes de Países Miembros de la Comunidad Andina para los que se adoptarán políticas y ejecutarán planes, programas y proyectos para impulsar el desarrollo sostenible y la integración fronteriza de manera conjunta, compartida, coordinada y orientada a obtener beneficios mutuos, en correspondencia con las características de cada uno de ellos.

Lima, 20 de mayo de 2019


[1] En 1953 se inventa la televisión a color. En 1960 se pone en órbita el primer satélite de comunicaciones. En 1970 se construye el primer microprocesador. En 1971 se inventa el correo electrónico. En 1980 se difunde el ordenador personal. En 1989-91 Tim Berners Lee inventa la Word Wide Web (Máxima Malla Mundial): la página Web. Hoy día, con un click, podemos ver el mundo en tiempo real y tener información sobre los más diversos campos de la ciencia, la literatura, etc.

[2]  OMAHE, Kenichi, El Mundo sin Fronteras. Madrid: McGraw-Hill editores, 1991.

[3]       Es notable el esfuerzo desplegado en este sentido por la Academia (caso específico de la Universidad Ricardo Palma) y las autoridades del gobierno, especialmente desde el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú.

[4]       Ver trabajos de Samir Amin, Encarna Gutiérrez, Joseph Stiglish, entre otros, consignados en la bibliografía.

[5]       M. Sobrino en España y la Comunidad Andina en América, referidos en la bibliografía, desarrollan el tema en diferentes trabajos y tiempos.

[6]       Robert Schuman, político francés, fue uno de los principales impulsores de lo que hoy es la Unión Europea, citado por Sobrino en su trabajo La Cooperación Interregional y la Cooperación Transfronteriza como factores de desarrollo en los procesos de integración: Concepto, elementos e instrumentos. Documento inédito de 26 p. Ponencia presentada en Cartagena de Indias en febrero de 2004 en el Seminario “Cooperación transfronteriza en Europa y en la Comunidad Andina”.

[7]       ERF Desaguadero-Lago Titicaca y ERF Zona de Integración Fronteriza Perú-Ecuador.

[8]       Al respecto ver artículos interesantes y frescos publicados en diversos números, especialmente entre 2003 y 2004, del Boletín Policy Paper, auspiciados por la Fundación Friedrich Ebert y otras instituciones de prestigio de Bogotá, Colombia.

[9]       Robertson, R. Glocalización: tiempo-espacios y homogeneidad heterogeneidad. Biblioteca Virtual de Ciencias Sociales. 2000. 29 p. http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/R%20Robertson.pdf

[10]     Término recientemente acuñado que indica la virtual desaparición de las fronteras como muros de contención o límites de procesos económicos, sociales y políticos que se vienen produciendo en territorios fronterizos de uno o más países, sin duda con mayor fuerza luego de que la globalización se convirtiera en referente mundial para todo efecto.

[11]     Oliveros, Luis. La Integración en las Fronteras Andinas: Elementos de una propuesta para el estudio, clasificación y diseño de cursos de acción en materia de desarrollo e integración fronteriza en los países de la Comunidad Andina. (Serie Documentos informativos) Secretaría General de la Comunidad Andina. Lima, 2002.

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Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Magíster en Planificación del Desarrollo Nacional y Regional, Economista de profesión. Consultor internacional. Experto en procesos de negociación de acuerdos de política bilateral y multilateral para el desarrollo e integración, sistematizados en cuatro libros de su autoría.

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