Un año de ciencia para todos

Un año de ciencia para todos

“En una sociedad democrática, los ciudadanos necesitan tener conocimientos básicos de las cuestiones científicas, de modo que puedan tomar decisiones informadas y no depender únicamente de los expertos”, dijo Stephen Hawking al recibir el Premio Príncipe de Asturias en 1989.

El mes pasado, N + 1 cumplió un año al aire trabajando por esta vigente premisa, en una montaña rusa de retos, aprendizaje y logros que se hizo realidad gracias al valioso trabajo y apoyo del equipo formado por Hans Huerto, Caroline Mercado, Beatriz de Vera y quien escribe. El proyecto, más allá de nuestras aspiraciones individuales, es gratificante y revelador porque hemos demostrado, contra el pronóstico de algunos buenos amigos míos y una tendencia en un gran sector de medios populares online, que la ciencia y la tecnología transmitida de forma rigurosa y amigable tiene un público (a veces) oculto y otras desatendido en el mundo hispano.

Precisemos: no nos referimos necesariamente a España, donde hay un interés consolidado por el nicho. Existen en aquel país grandes medios referentes de la divulgación científica en el ruedo, muy buenos y merecidamente posicionados. Pero si hablamos de Latinoamérica, entonces el tema adquiere otros matices. Estereotipada en la cultura popular occidental como una región exótica, donde se hace buen turismo, se come bien, y el deporte más importante es el fútbol, descubrir que los latinoamericanos, especialmente los más jóvenes, disfrutan de leer, interactuar, ponderar y hasta bromear sobre ciencia a diario es refrescante y alentador.

En una región que año tras año se recibe la frustrante noticia de que la mayoría de sus universidades y programas de investigación no destacan en los ránkings globales de casas de estudio, a diferencia de sus pares anglosajones, europeos y asiáticos, las cifras de N + 1 nos dicen que existe un público de latinoamericanos —y muchísimos jóvenes entre ellos— pendientes de los avances científicos y tecnológicos del mundo.

En los últimos 3 meses, N + 1 ha obtenido un promedio de 300 mil visitas globales por mes, siendo la mayor parte de México, Colombia y Argentina. En nuestra página de Facebook, donde alternamos información con humor científico, ya son 250 mil nuestros seguidores, sin mencionar los millones de usuarios que alcanzan a ver nuestros posts gracias a quienes comparten nuestras actualizaciones en sus muros.

Pero acaso lo más importante es habernos convertido en una alternativa noticiosa confiable que resiste a las fuertes presiones que enfrentan los medios del mundo actualmente: la dictadura de las métricas, un criterio que hace que la rapidez de la publicación o su capacidad de generar controversia sean más importantes que la integridad de la noticia misma.

Nuestra aparición y crecimiento se ha dado en tiempos en que la posverdad se ha instaurado tanto en la política (con triunfos en las urnas mediante la desinformación) como en los medios de comunicación (en la guerra por las visitas a toda costa). Incluso medios grandes, como detecta este artículo del blog No hemos entendido nada, emplean como modus operandi el sacrificar elementos informativos esenciales a la hora de elaborar y promover una noticia.

Son tiempos sumamente fértiles para una serie de farsas que van desde el negacionismo (deliberado y sistemático) del calentamiento global acelerado por la actividad humana, pasando por los ufólogos (Maussan, Choy) y sus inflamadas paranoias, los astrólogos y leedores cartas, los fanáticos religiosos que ofrecen curas a la homosexualidad hasta llegar a noticias que intencionalmente exageran conclusiones o logros científicos y tecnológicos (bebes sin madres, el apocalipsis de las máquinas, y la lista podría continuar). N + 1 ha aparecido además para ofrecer no solo información sobre ciencia, sino también una opción para detenerse y analizar, con una actitud crítica, si lo que se dice sobre la ciencia es verdad.

Los retos periodísticos de N + 1 aún son inmensos. Uno de ellos es incrementar la exposición que bien merecen los proyectos científicos latinoamericanos que se dan a pesar a las dificultades presupuestarias y sociales. En esta región, como describe el español Pere Estupinyá en su libro Ladrón de Cerebros (Editorial Debate), no encontraremos la cura del cáncer, ni la próxima celda solar, puesto que tampoco se pretende. El foco es, describe con razón, mucho más local, práctico, dirigido a mejorar aspectos cruciales de la vida en sociedad. En América Latina, se investiga para solucionar problemáticas concretas de su población y beneficiar directamente la vida y la economía.

Seguiremos trabajando, con empeño y gusto, por las motivaciones descritas y el ánimo a tope por nuestros primeros logros. Feliz cumpleaños, N + 1.

Daniel Meza
Editor Jefe de N + 1

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